«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 21 de julio de 2017

Apoyo a la base idealista y metafísica de la filosofía maoísta [por el PCE(r)]; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La base de los cambios y el desarrollo no pueden ser los ciclos, sino la contradicción o contradicciones fundamentales, es decir, las causas internas. Esta es la verdadera concepción dialéctica defendida por Lenin en su escrito Sobre la dialéctica» y por Mao Zedong en su trabajo «Sobre la contradicción». (Partido Comunista de España (reconstituido); Problemas filosóficos de las ciencias modernas, 1989)

Pasemos a analizar la zafia podredumbre filosófica de la pseudodialéctica maoísta en la que se basa la vieja y nueva filosofía del PCE (r).

a) ¿Cómo concibe Mao el proceso del conocimiento?

«En la etapa inferior, el conocimiento se manifiesta como conocimiento sensorial y, en la etapa superior, como conocimiento lógico, pero ambas son etapas de un proceso cognoscitivo único. (...) La sensación sólo resuelve el problema de las apariencias; únicamente la teoría puede resolver el problema de la esencia». (...) La expresión de la Crónica de los tres reinos: «Frunció el entrecejo y le vino a la mente una estratagema», o la del lenguaje corriente: «Déjeme reflexionar», significan que el hombre, empleando conceptos en el cerebro, procede al juicio y al razonamiento. Esta es la segunda etapa del conocimiento». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

Aquí hay una falsificación de la noción marxista-leninista de proceso del conocimiento, volviendo al modelo premarxista de dos etapas divididas entre sí; la primera etapa; donde separa la percepción y las sensaciones de la razón. Y la segunda; donde presumidamente ya entra en juego la razón. El paso de una etapa a otra, de lo sensible a lo racional, según él, se produciría por un «salto» totalmente metafísico, al que se le añade el idealismo de creer que es producido por acumulación cuantitativa del conocimiento:

«Como fenómeno social, el conocimiento es un proceso complejo que comprende numerosos eslabones y grados, y se desarrolla constantemente haciéndose más profundo. El conocimiento se granjea a través de las relaciones orgánicas establecidas entre sus elementos sensibles y racionales. Así, los sentidos y la razón trabajan juntos en el curso de este proceso exprimiendo mucho más la diferencia entre las sensaciones y las percepciones humanas y las animales. Cuando el hombre recibe estímulos por la percepción, su razón no pasa inactiva en el proceso. Por otra parte, cuando razona, el hombre piensa a partir de los datos abastecidos por sus órganos sensitivos. Sobre esta base y gracias a la práctica, el conocimiento se profundiza gradualmente, y del conocimiento empírico viene el conocimiento teórico, enriqueciendo las teorías existentes y creando las nuevas teorías. Dividir el único proceso del conocimiento en empirismo y racionalismo, es decir en el hecho de considerar unilateralmente como absolutos los datos de los sentidos o los del pensamiento abstraído en el curso de este proceso, constituye una característica clásica de la filosofía premarxista. Los fundadores de la filosofía marxista-leninista trataron de manera materialista-dialéctica el proceso único del conocimiento, criticando los conceptos idealistas y metafísicos. (...) Precisamente es porque el hombre obra con la razón que puede comprender las cosas, los objetos o los fenómenos que siente y percibe. Los datos que le abastecen sus órganos sensitivos constituyen el contenido de saberes de diferentes niveles. Así, el concepto materialista-dialéctico no escinde el proceso único del conocimiento en conocimiento sensible de una parte, donde la razón estaría ausente, y en pensamiento abstracto por otra parte, de donde lo sensible sería excluido. Esto no significa que con la existencia de grados de conocimiento, los niveles de conocimiento se nieguen. El saber va haciéndose más profundo y ensanchándose sin cesar. No hay que confundir pues el proceso único del conocimiento con el nivel del saber alcanzado en un momento dado o una etapa determinada de este proceso. Para Mao Zedong al contrario, la unicidad del proceso del conocimiento es formal, ya que para él de hecho en su primera fase inferior, el conocimiento solo es sensible, y se vuelve racional solo en su segunda fase superior». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

Es más:

«La escisión metafísica y mecanicista del proceso único del conocimiento conduce a Mao Zedong a que lo considere como un proceso por saltos. De hecho, él mismo confunde la cuestión de la fuente del saber y el problema del proceso del conocimiento. Es verdad que la sensación y la percepción, las formas del reflejo sensible, difieren de formas del reflejo racional, tales como los conceptos, los juicios y el raciocinio. Pero el conocimiento es un proceso que no puede realizarse separando las formas del reflejo sensible en sí de las formas del reflejo racional. Cuando el proceso del conocimiento se hace más profundo, el conocimiento sufre cambios cualitativos, se enriquece del contenido del saber y de las verdades objetivas, las viejas teorías desaparecen y se crea una teoría nueva. En el proceso del conocimiento, los saberes se vuelven siempre más profundos y más completos. Pero este saber no puede granjearse bajo formas del reflejo sensible separadas de las formas del reflejo racional y no directamente atadas a la práctica. El concepto maoísta elimina la base, el fundamento, la fuente del conocimiento, la fuerza que lo provoca y la empuja a seguir sin más adelante: la práctica. En la concepción maoísta, el yo sensible, el pensamiento abstracto y la práctica se separan. El hecho es por lo tanto, negar los elementos que realizan el conocimiento sensible y racional con la práctica como base. Pese a que es así como se realiza el conocimiento, que se verifica el saber, que se alcanza la verdad objetiva. La verdad, dice Lenin, es un proceso. De la idea subjetiva el hombre alcanza la verdad objetiva por medio de la práctica. Pero precisamente, la separación de manera metafísica y mecanicista lo sensible de lo racional, las formas del reflejo sensible de las formas del reflejo racional, el fenómeno de la esencia, conduce a que Mao Zedong separe el conocimiento de la práctica. Cuando Mao Zedong llama primer grado del conocimiento al grado de las sensaciones deja en el olvido la práctica. La separación del proceso del conocimiento efectuado por Mao Zedong se posiciona irreversiblemente en contradicción con la tesis de la filosofía marxista-leninista sobre la práctica como la base del conocimiento». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

b) ¿Cómo considera Mao la práctica y de la unidad teoría-práctica?

«Practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo. Esta forma se repite en infinitos ciclos». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

De nuevo dejemos las acertadas críticas del filósofo albanés:

«El conocimiento no puede obtenerse aparte de la práctica, mientras que Mao Zedong opone el uno al otro y niega el lazo dialéctico entre ellos. (...) Para Mao Zedong, la práctica es una acción operada por la voluntad humana. Reduce la práctica a la experiencia personal del hombre, a la actividad individual, denegándole así todo carácter objetivo y social en sí. Este concepto concibe primero la práctica como una actividad subjetiva del hombre, es decir, como para Hegel, la realización de la idea. Identificando práctica y experiencia personal e individual, Mao Zedong contempla la práctica como una actividad individual, como una actividad subjetiva, como la realización de las ideas humanas y de la voluntad. Esta opinión constituye una negación abierta del carácter objetivo, material y social de la práctica. Para Mao Zedong, en el curso del proceso del conocimiento, todo está bajo la dependencia de la experiencia personal y es la experiencia personal e individual la que sirve de base para conocer, para alcanzar la verdad, «para volverse revolucionaria». Aun cuando a partir de los contenidos de la práctica menciona la actividad productiva, la actividad política y la experimentación científica social, Mao Zedong reduce la práctica a una acción particular, a una experiencia personal de un individuo o a una acción definida de un grupo particular. El hombre o el grupo determinado son concebidos en este caso de manera abstracta, el hombre no es visto como un ser social, como miembro de una sociedad y de una clase determinada. El hombre social que actúa sobre la realidad objetiva adquiere una experiencia individual. Esto no puede ser negado, pero el hombre es ante todo un ser social, un portador de relaciones sociales determinadas. En la sociedad dividida en clases no hay hombre que se sitúe por encima de las clases o aparte de las clases. De ese modo, la práctica es la actividad material y social de hombres y de las clases determinados para transformar la naturaleza y la sociedad». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

c) ¿Cómo toma en cuenta Mao Zedong el desarrollo dialéctico?

«Es preciso «prender fuego» en forma periódica. ¿Cómo proceder en adelante? ¿Prefieren ustedes encender el fuego cada año o cada tres años? A mi juicio, debemos hacerlo por lo menos dos veces durante cada plan quinquenal, a semejanza de lo que ocurre con el mes intercalar que en los años bisiestos del calendario lunar se repite una vez al tercer año y otra al quinto». (Mao Zedong, Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses, 8 de julio de 1957)

Como decía un camarada nuestro ante esta cita del líder chino: «Mao, mal cocinero, peor astrónomo y paupérrimo marxista». Este tipo de comentarios aparte de ser ejemplos surrealistas carecen de sentido rompen filosóficamente con el marxismo y su materialismo dialéctico:

«En los escritos de Mao Zedong se habla frecuentemente del papel de las revoluciones en el proceso del desarrollo de la sociedad, pero en esencia él se atiene a una concepción metafísica, evolucionista. Contrariamente a la dialéctica materialista, que argumenta el desarrollo progresivo en forma de espiral, Mao Zedong predica el desarrollo en forma cíclica, giratoria, como un proceso ondulatorio que pasa del equilibrio al desequilibrio y nuevamente al equilibrio, del movimiento a la inmovilidad y de nuevo al movimiento, del ascenso al descenso y del descenso al ascenso, de la progresión a la regresión y seguidamente a la progresión, etc. Así pues, al igual que los viejos astrólogos, obtiene del calendario lunar la ley sobre el encendido periódico del fuego, sobre el desarrollo que va de la «gran armonía» al «gran desorden» y de nuevo a la «gran armonía», y así los ciclos se repiten periódicamente». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

De este modo se opone a la concepción materialista-dialéctica sobre el desarrollo que, como dice Lenin:

«Nos proporciona la clave del «automovimiento» de todo lo existente; nos da la clave de los «saltos», la «ruptura de la continuidad», la «transformación en el contrario», la «destrucción de lo viejo y el surgimiento de lo nuevo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; En torno a la cuestión de la dialéctica, 1915)

d) ¿Cómo toma Mao el criterio de la verdad?

«Aplicar la teoría a la práctica y ver si conduce a los objetivos planteados. (...) Estas ideas, teorías, planes o proyectos a la práctica del mismo proceso objetivo alcanzan los objetivos planteados». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

Mao Zedong utiliza para saber si su pensamiento coincide con la realidad, la regla de si ese pensamiento ha sido útil o no al propósito, una estupidez pragmática muy característica de este revisionismo, algo fuera de todo debate, algo que vuelve a desnudar su escaso conocimiento del marxismo, ya que unas: ideas, teorías, planes o proyectos determinados pueden ser deseables y útiles para un hombre determinado o un extracto social determinado y no ser verdad ni tener un carácter objetivo. De igual modo que una teoría verdadera puede no dar a lugar en un punto a resultado útil para un hombre o una clase determinada, y aun así esto no probaría que los conocimientos, teorías, y demás seguidos no hubieran coincidido con la realidad objetiva».

La exportación de capitales del «socialimperialismo soviético»; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Uno de los argumentos como línea de defensa es que la URSS no podía cuadrar en la teoría leninista de país imperialista porque no exportaba capital, y que incluso habría practicado una política económica internacionalista y solidaria.

Todo lo contrario. Igual que hay gente que a día de hoy no conoce que la URSS y los países de su bloque estaban endeudados hasta las cejas con los países occidentales, tampoco saben de la exportación de capital de la URSS, algo que no es por falta de documentación. ¡Claro que existían exportaciones de capitales a terceros países solo hay que mirar a los miembros del Consejo de Ayuda Económica Mutua (CAME) o varios países africanos, americanos y asiáticos llamados países de «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista»!:

«En el desarrollo del sector del Estado en los países excoloniales, los socialimperialistas soviéticos buscan desarrollar su expansión colonialista en la economía. La «creación de empresas estatales» está ligada también con la exportación del capital soviético, particularmente en forma de créditos y de préstamos de Estado a Estado. A principios de los años 70, los socialimperialistas concedieron a los países africanos de los llamados de «orientación socialista» créditos que ascendían a los 5 millones de rublos para la construcción de diferentes obras. Llegaron a financiarse con ello la construcción de 509 empresas. Por otro lado en el marco de la organización del CAME, que es el organismo que cumple los objetivos expansionistas de los socialimperialistas y su instrumento para poner en práctica su política neocolonialista, los revisionistas soviéticos se comprometieron a construir más de 1.689 empresas y establecimientos industriales y agrícolas. La mayoría de las empresas del Estado en los países de «orientación socialista» son «empresas mixtas» con la participación del capital soviético en colaboración con el capital local. Las principales inversiones soviéticas ocupan posiciones preponderantes. De acuerdo con los revisionistas soviéticos, la Unión Soviética: «ayuda y controla la organización de la producción y venta» y participa «en la explotación de materias primas así como en la dirección de la mano de obra». Los países que crearon «empresas mixtas» deben devolver las «ayudas» soviéticas en préstamos y en créditos no solo por el valor de sus «productos tradicionales de exportación», sino también con el de productos de las empresas que recibieron este tipo de «ayuda». Estos productos deben pasar a la metrópoli soviético como forma de «compensación». Igualmente en las «empresas mixtas» una parte del beneficio es utilizado para comprar productos soviéticos sobre la base de un comercio desigual. (…) Se comprende que en las condiciones del sistema capitalista que domina en esos países y en el contexto de las relaciones neocoloniales que forjan con la Unión Soviética, la «planificación» de la que hablan los socialimperialistas soviéticos concierne solamente a la dirección y orientación de las ramas de la economía de los países africanos y asiáticos que interesan a la metrópoli soviética. La pretendida planificación es un método utilizado para integrar toda la vida económica de estos países bajo una dependencia completa. Las «ayudas» económicas de los socialimperialistas soviéticos así como la de otras potencias imperialistas solo contribuyen a la esclavitud económica y política de los países receptores». (Llambro Filo; La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista, 1985)

Por tanto están muy claros los objetivos de esta masiva exportación de capitales, obtener beneficios a costa de otros pueblos y su mano de obra barata. Que las inversiones fueran a través de los monopolios del capitalismo de Estado, de créditos de Estado a Estado y otros medios más o menos comunes significa que estas transacciones tenían un carácter especial pero no un cambio de esencia de la explotación –de hecho los otros países del bloque también las usaban pero en menor medida–:

«En este contexto, la burguesía revisionista soviética lleva a cabo la exportación de capital de la Unión Soviética a otros países y la atracción de capital extranjero a la Unión Soviética, desarrolla su competencia y la lucha por los mercados, por las esferas de la inversión, para el saqueo de las materias primas y la preservación de las leyes neocolonialistas en el comercio mundial, a través de la participación directa de sus organismos del capitalismo monopolista de Estado, en un momento en que en los demás países imperialistas llevan estos procesos con la ayuda del capital privado y estatal. Sin embargo, esto no significa que la expansión socialimperialista sea diferente en esencia de la expansión imperialista, porque al igual que cualquier otro país capitalista, la Unión Soviética, también, con sus llamados créditos y ayudas, inversiones del capital, exportaciones de tecnología, etc. está luchando por un nuevo reparto del mundo, por la captura de nuevos mercados y el sometimiento de los pueblos, a través de la explotación económica, en primer lugar de los países vasallos, así como otros países de Asia, África y América Latina, en especial la países de la llamada orientación socialista. En estas relaciones económicas capitalistas internacionales, el Estado social-imperialista soviético lucha para obtener el máximo beneficio para los intereses de su propia burguesía mediante la explotación de la clase obrera y las masas trabajadoras de otros países». (Priamo Bollano; Algunas características del capitalismo monopolista de Estado en la URSS, 1980)». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

jueves, 20 de julio de 2017

Seguidismo a la Revolución Cultural; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La realización de la Gran Revolución Cultural Proletaria ha sido el más grande triunfo conseguido últimamente por el pueblo chino y sus resultados son de trascendencia histórica universal. Gracias a esa gran revolución, se ha consolidado la dictadura del proletariado, se ha desarrollado enormemente la producción, se han eliminado la miseria, la opresión y todas las demás lacras del capitalismo. (…) Se ha armado con el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong y mantiene un alto espíritu revolucionario e internacionalista. Esta es una gran contribución a la causa de los pueblos y del comunismo en el mundo entero». (Partido Comunista de España (reconstituido); Informe en el Iº Congreso del PCE (r), 1975)

Lo primero que hay que comentar es que la fracción que desató la Revolución Cultural jamás evaluó realmente la fuente de los errores oportunistas del partido, solamente echó la culpa de algunos de sus resultados a otras fracciones, exonerando a Mao de responsabilidades. En torno al Partido Comunista de China, ni sus actuales seguidores, ni los viejos, han llegado jamás a una sincera y aguda autocrítica de los errores permitidos durante el periodo que media entre 1935 y 1976. Así planteaba tan fácilmente Enver Hoxha estos claros interrogantes y como burdamente pretendían resolverlos los chinos:

«Da la impresión de que los camaradas chinos, al descubrir «una grave corriente hostil en la literatura» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han adoptado medidas?–, al descubrir que «hay cuadros dirigentes del partido y del Estado que están en el camino capitalista» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han tomado medidas?–, al despertarse de su pasado sueño y constatar que los capitalistas y los kulaks han engordado y se han reforzado, llegando a la conclusión que tienen todavía poder –¿esto por qué se ha permitido?–. Pero los camaradas chinos, pues, llegan a la conclusión de que todos estos males serán resueltos por la «revolución cultural proletaria», por la «guardia roja», integrada por los jóvenes, y por la elevación a un grado fantástico del culto a Mao Zedong». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la gran revolución proletaria china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

También está claro, como anticipamos en la introducción, que dichos problemas ideológicos, organizativos, de partido, económicos, burocráticos, etc., no sólo no fueron solucionados por la «Revolución Cultural», sino que a veces incluso se agravaron.

El PCE (r) no hizo más que picar el anzuelo de la propaganda maoísta del Partido Comunista de China (PCCh), que presentaba este movimiento como la panacea de sus errores en la política china de los últimos años. Pero por supuesto a la hora de la verdad ni el PCCh ni el PCE (r) reflexionaron debidamente buscando las fuentes verdaderas del error, ocupándose casi es exclusiva de exculpar a Mao de las graves desviaciones acontecidos durante las últimas décadas.

¿En qué consistió la Revolución Cultural? Como expresó el albanés Enver Hoxha: «El curso de los acontecimientos demostró que la gran revolución cultural proletaria no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria», y esto se demostró cuando «los remedios» para eliminar la línea revisionista del PCCh que databan de lejos, no evitaron sino que profundizaron la proliferación e implantación de teorías revisionistas en diferentes campos:

«El inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria o simplemente Revolución Cultural, la cual es dirigida por Mao Zedong, este es el inicio de una lucha de Mao por recuperar el poder perdido. Al principio se empezó denunciando a Peng Dehuai –crítico con Mao Zedong por el Gran Salto Adelante– y a algunas obras teatrales donde dejaban en mal lugar a Mao. También Mao utiliza a los representantes de la facción más derechista del partido –muchos de ellos aliados suyos o antiguos aliados hasta el Gran Salto Adelante– para intentar desmarcarse de las políticas de hasta entonces, aunque inicialmente no se pasa de la denuncia en dazibaos. Ante la imposibilidad de recuperar el poder bajo los estatutos, Mao hace un llamamiento que arma a los jóvenes en la llamada «Guardia Roja», quienes disuelven los comités de partido con ayuda del ejército dirigido por Lin Piao y se reparten los puestos de los nuevos comités de partido, así mismo se arrestaron a varios de los líderes. Se promueve al estudiantado como vanguardia de esta «revolución». Tras el triunfo se reescribe la historia reciente del partido, negando que las tesis de los «derechistas» Liu-Deng son tomadas de Mao y que ellos mismos le encumbraron al poder en los años 30 y 40. Finalmente se produce el ostracismo político de Deng Xiaoping y la ejecución de Liu Shao-chi. Eufóricos, los maoístas extienden la idea de que el «Pensamiento Mao Zedong» era la «superación de las limitaciones del marxismo-leninismo o su etapa superior». Se hace tabla rasa con toda cultura progresista anterior y se presenta la nueva cultura proletaria como el equivalente al «Pensamiento Mao Zedong». Se produce una exaltación del culto a Mao Zedong que culmina con la creación del Libro Rojo de Mao, una recopilación de citas arregladas por Lin Piao para reforzar la idea de un Mao combativo, multifacético, sabio e incluso poético. Se rechaza toda regla del centralismo democrático que hace operar con normalidad a un partido, en un esquema anarquista se anima a las masas a poner en duda a los miembros del partido y «liberarse solas» de la cultura precedente, ahora abiertamente es el mesianismo dirigente centrado en Mao quién dirige el partido, para ello crea el llamado Gabinete General, un cuerpo de información, espionaje y militar por encima del Comité Central y el Buró Político que controla el poder. Ascenso de la «Banda de los cuatro» y consolidación de Lin Piao durante la Revolución Cultural y su tipificación como sucesor de Mao en el IXº Congreso del PCCh de 1969, sustituyendo a Liu Shao-chi nombrado sucesor en el VIIIº Congreso de 1956. Se exige en adelante en la propaganda el exportar la estrategia militar de la «Guerra Popular Prolongada» («GPP») a cualquier país del mundo –sin tener en cuenta las condiciones específicas del país ni las condiciones objetivas para la revolución–. Se llega a decir que la Revolución Cultural es un hito sin precedentes, mayor que la Revolución de Octubre de 1917. La expresión idealista y voluntarista de que las ideas tienen primacía sobre la base económica –lo que servirá de excusa para introducir todo tipo de concepciones erradas sin justificar nada–. Se dice que Mao Zedong gracias a sus últimas teorías había descubierto la existencia de la continuación de la lucha de clases tras la toma de poder –aunque la Revolución Cultural como otros sucesos fuese una lucha entre facciones para mantener o recuperar el poder–. Se produce en condiciones misteriosas la defenestración de Chen Boda y la muerte de Lin Piao alrededor de 1970 y el inicio de una política abiertamente pro estadounidense retomando la senda de los años 40». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Enver Hoxha analizó el fenómeno de la Revolución Cultural en su informe ante el Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, celebrado el 14 de octubre de 1966. En él venía a demostrar que las «desviaciones» que se estaban dando en la «Revolución Cultural», tales como: 1) la débil lucha contra el titoismo y el jruschovismo, basado en el pragmatismo y en intereses chovinistas; 2) el culto religioso a Mao Zedong –oficializado desde el VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945–; 3) el concepto de unión y concesión de puestos a conocidos desviacionistas en el partido; 4) el considerar como parte del «pueblo» y limitar dentro de las «contradicción no antagónica» a la burguesía nacional; 5) la negación del papel de la clase obrera en el partido a favor del campesinado; 6) la proclamación de que la burguesía y la pequeña burguesía debían expresar como parte del «pueblo» sus opiniones culturales bajo la teoría de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento»; 7) el estado paralizado de la vida de partido sin celebraciones de plenos o congresos y otros puntos; no se trataba de hechos casuales sino de una sucesión de las «viejas y profundas desviaciones». Entre las «nuevas desviaciones» que se estaban produciendo se detectó: 1) el apoyo tácito a regímenes revisionistas como el rumano basándose en la «especificidad» y la excusa de que albergaban contradicciones con los revisionistas soviéticos; 2) la exacerbación del culto a la personalidad hasta el punto de propagar la idea de que Mao es el mayor genio que ha dado la humanidad y que sus ideas deben ser estudiadas y aplicadas por todos incluso aunque no se comprendan; 3) el mantenimiento de los desviacionistas ampliamente denunciados dentro del Partido y el Estado, o su pronta rehabilitación; 4) el mantenimiento de las tesis económicas revisionistas precedentes –que mantenían intacto el sistema económico capitalista, luego reflejadas en el «Manual de economía política de Shanghái» de 1974–; 5) la promoción de las capas del estudiantado y después el ejército como vanguardia de la revolución; 6) la vociferación de que las masas «se deben liberar ellas solas», incluso por encima del partido y sus miembros; 7) hacer tabla rasa con toda la cultura anterior al triunfo del Partido Comunista de China de 1949 y calificarla de reaccionaria. Por supuesto había muchas otras.

¿Pero que hizo el PCE (r) ante estas evidencias? Propagar las ideas de la Revolución Cultural, incluso cuando veía que llevaban al mismo lugar de donde venían todos los errores cometidos hasta entonces en China. Refutemos solo alguno de los aspectos que ellos mismos comentaban.

Primero: La capa social que hegemonizaba la Revolución Cultural:

«La Revolución Cultural era una necesidad muy sentida por las masas y sus protagonistas más conocidos fueron los Guardias Rojos, formados principalmente por estudiantes». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

Las falsificaciones maoístas, como corpus del revisionismo chino, calaron también como vimos, en la cuestión de quién es la clase social es la clase revolucionaria de vanguardia de nuestra época. Este problema, el problema de qué clase dirigirá la revolución, se ha tratado por parte de los revisionistas chinos de diversas maneras a lo largo de sus diferentes fases de desarrollo oportunista.

En una etapa temprana hubo sucesivas llamadas de atención de la Komintern a Mao Zedong por sus puntos de vista sobre el campesinado –tanto cuando era Secretario General del partido como previamente cuando no lo era–. Tiempo después los marxista-leninistas albaneses denunciaron durante la Revolución Cultural la nefasta idea y práctica sucedida, de que los estudiantes fueran la vanguardia del movimiento, la llamada Guardia Roja, vanguardia que tiempo después fue remplazada por el Ejército, a veces inclusive contra los estudiantes:

«Lenin consideraba la negación de la idea de la hegemonía del proletariado en el movimiento revolucionario como uno, sino el aspecto más vulgar del reformismo. (...) Los revisionistas soviéticos, de palabra, no niegan el papel dirigente de la clase obrera, mientras en la práctica lo han liquidado, porque han despojado a dicha clase de toda posibilidad de dirigir. Pero también teóricamente eliminan este papel, dado que defienden la nefasta teoría «del partido y del Estado de todo el pueblo». Los revisionistas chinos, como pragmáticos que son, colocan a la cabeza de la «revolución», según el caso, unas veces al campesinado, otras al ejército, en ocasiones a los estudiantes, etc. El Partido del Trabajo de Albania defiende firmemente la tesis marxista-leninista de que la clase obrera constituye la fuerza decisiva del desarrollo de la sociedad, la fuerza dirigente de la transformación revolucionaria del mundo, de la construcción de la sociedad socialista y comunista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Como vemos además, el marxista-leninista albanés hila bien con el hecho de que todo revisionismo suele negar en la práctica –pese a al reconocimiento a veces formal en la teoría– el papel de la clase obrera. En el caso concreto que hablamos, o sea el periodo de los años 60 y la «Revolución Cultural», se tenía como eje no a la clase obrera, sino a capa de la sociedad de los estudiantes, dándose el caso de que tal y como Mao confesó, en China mayoritariamente los estudiantes de enseñanza superior procedían no de extractos proletarios, sino que procedían de las clases burguesas y pequeño burguesas, lo que demostraba las diferencias sociales que aún persistían y se extendían:

«Según muestra una investigación hecha en Pekín, la mayoría de los estudiantes de nuestros centros de enseñanza superior son hijos de terratenientes, campesinos ricos y burgueses, así como de campesinos medios acomodados, en tanto que los procedentes de familias obreras o familias de campesinos pobres y campesinos medios inferiores constituyen apenas un 20 por ciento». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de Comités Provinciales, Municipales y de Región Autónoma del partido, 1957)

El carácter de las relaciones económicas con los países del CAME y otros países subdesarrollados; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«¿En que se convirtió el Consejo de Ayuda Económica Mutua (CAME) con los revisionistas soviéticos a su cabeza? Veamos:

«A fin de realizar sus planes expansionistas a través del CAME, los revisionistas soviéticos siguieron dos canales: En primer lugar, en los países que habían heredado un atraso económico del pasado, «la división internacional socialista del trabajo», exigía que se mantuvieran eternamente como países agrícolas, que se transformaran, como decía Jruschov, en «jardines de cítricos», en detrimento de la industria de extracción. Estos países no debían desarrollar la industria pesada, no debían reclamar un desarrollo completo de su economía. El «argumento» teórico presentado para justificar esta orientación revisionista era que el desarrollo de los países atrasados debía basarse en la «industria pesada de los países socialistas más avanzados» y que por tanto «estos países no debían producir bienes que pudieran importar de otros países para sus necesidades». En consecuencia de esta orientación, la exportación en 1967 de máquinas y de equipos de Unión Soviética hacia los países miembros de CAME se aumentó de 3,7 veces con relación a 1955. (...) En segundo lugar, «la división internacional socialista del trabajo» y la «especialización y la cooperación de la producción» en los países con fuerzas productivas relativamente desarrolladas exigía una restructuración de sus economías de acuerdo con las necesidades de la «comunidad socialista». (...) Esta política ha dado como resultado la disminución de la producción en determinados sectores industriales del país CAME. Por ejemplo, en 1966, la producción de locomotoras eléctricas y tractores en Checoslovaquia cayó respectivamente un 19,7 y un 7,8 por ciento en comparación con el año anterior. (...) En el plano interno se trazó un refuerzo de la supervisión de la Unión Soviética de los países miembros a través de la aplicación de la «complejo programa de integración económica»; y sobre el plan internacional, la cooperación con el capital internacional y el desarrollo del CAME en la arena internacional como nueva potencia neocolonialista con el objetivo de lograr los propósitos del socialimperialismo soviético». (Hasan Banja y Lulëzim Hana; La degeneración del Consejo de Ayuda Mutua Económica en una organización capitalista, 1986)

Obviamente con los años surgieron nuevos planes y teorías, pero creemos que con solo citar las teorías antimarxistas y hegemonistas de los revisionistas soviéticos dentro del CAME demuestran su carácter socialimperialista.

Otro aspecto a tener en cuenta en las relaciones económicas con otros países sería el ver que en el CAME se aplicaba una política de precios desigual y claramente neocolonialista:

«Los cambios desiguales, producto de la política de precios en beneficio de la metrópoli soviética, generan una aguda contradicción entre los países miembros del CAME. Estos países expresan su descontento por los elevados precios internacionales que los revisionistas de Moscú aplican a los intercambios comerciales y a otras relaciones económicas que tienen con ellos. Una revista económica húngara, criticando el sistema de precios del CAME, ha indicado que los precios utilizados en el comercio exterior no tienen ninguna conexión orgánica con los precios locales: incluso son, en algunos casos, superiores a los precios del mercado capitalista y, al mismo tiempo, difieren en el propio comercio entre los países miembros del CAME». (Kiço Kapetani y Veniamin Toçi; La integración económica revisionista y sus contradicciones, 1974)

Estas quejas de la política estafadora de la URSS ni siquiera estuvieron reducidas a los países del CAME que se quejaban del comercio injusto con la URSS, sino que incluía a otros países fuera del CAME. La táctica especulativa de comprar mercancías a un país a un precio barato para revenderlas al triple, era una práctica muy común de la URSS socialimperialista.

Veamos sobre la política y a aplicación de la especulación bajo precios desorbitados para obtener superganancias:

«La Unión Soviética revende en el mundo occidental, en un máximo de tres veces el precio original de las de petróleo, algodón y otros bienes que ha comprado a bajo precio en los países árabes. La prensa árabe ha escrito que la Unión Soviética entra en los mercados de terceros países, y compite con los países árabes en la venta de los mismos productos, que antes importaban de ellos. La Unión Soviética consiguió petróleo de Irak por un importe de 6 millones de libras esterlinas y lo vendió por 18 millones de libras esterlinas o sea por tres veces más. (…) Hace algún tiempo, el presidente guineano Sékou Touré, en un discurso de radio, dijo que la Unión Soviética había elevado el precio del petróleo que abastece a Guinea en un 350 por ciento. De acuerdo con sus declaraciones, Guinea ahora tiene que gastar 4,8 millones libras esterlinas más al año para pagar la cantidad necesaria de aceite que recibe de la Unión Soviética». («Zëri i Populitt»: Los neocolonialistas del Kremlin oprimen y saquean a los pueblos, 1975)

Tampoco hay que olvidar que durante el periodo de 1950-1990, el volumen del comercio exterior soviético se incrementó un 68%, mientras que a partir de los 70 el número de exportaciones a países neocolonialistas que podía esquilmar en los precios de mercado decayó y en cambio la importación y dependencia del comercio con países imperialistas ascendió, lo que nos ofrece una imagen de la decadencia del socialimperialismo soviético, que como cualquier país capitalista-imperialista, basaba gran parte de sus ganancias en el comercio, desestabilizando rápidamente su economía cuando en el mercado de precios mundial había fluctuaciones en el mercado y pérdidas para su comercio, demostrando su integración en el sistema capitalista mundial, mientras que en la época de Lenin y Stalin, la URSS como país socialista tenía unas cifras irrisorias en cuanto al lugar que ocupaba el comercio exterior en la creación de su riqueza nacional, ya que se basaban en sus propias fuerzas no dependiendo de importaciones ni créditos del exterior y tampoco explotaban a terceros países». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

lunes, 17 de julio de 2017

Seguidismo a las políticas económicas del maoísmo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Al Gran Salto Adelante, iniciado en 1957, le siguió la Revolución Cultural, todo ello como medio de desarrollar la economía y la revolución desechando la tutela que pretendían imponer desde fuera. De esa manera se reafirmaba la llamada «vía china» de construcción del socialismo». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Esta cita denota un apoyo claro a las políticas históricas del maoísmo en la economía, tanto en la etapa del Gran Salto Adelante (1958-1961) como de la Revolución Cultural (1966-1976). Analicemos la economía del maoísmo lo más resumido posible.

a) ¿El maoísmo toma como eje de la economía la industria pesada o la agricultura?

Dejemos expresarlo a uno de los maoístas más famosos de Europa:

«Dentro del Partido Comunista se luchaba con respecto al camino a seguir. Uno de los temas más candentes era cómo desarrollar y modernizar la economía. Un grupo de dirigentes del partido proponía un programa de industrialización rápida, que concentraba los recursos nacionales en las fábricas grandes y modernas y en la tecnología avanzada. Querían desarrollar los centros urbanos, con la idea de que el desarrollo poco a poco llegaría al campo. Decían que se necesitaba todo un aparatazo de planificación centralizada para manejar la economía y recomendaban preparar un vasto ejército de expertos y especialistas para administrar la nueva economía y el gobierno. Proponían motivar a los trabajadores y al personal de las empresas por medio de incentivos monetarios y diferencias salariales. Ese programa seguía los pasos de la Unión Soviética, que ejercía mucha influencia en China en ese tiempo. Pero Mao reconocía las fallas del modelo que se ponía en la práctica en la Unión Soviética y también en China en los años 50. El modelo soviético colocaba la técnica y la pericia por encima de la iniciativa y la actividad consciente de las masas. Mao rechazó la subordinación de la agricultura a la industrialización urbana. También decía que China tenía que descentralizar la industria y evitar la concentración del desarrollo en las ciudades y las costas, que eran más vulnerables a un ataque e invasión imperialista. Mao buscaba forjar un camino distinto de desarrollo económico y social. Para decirlo de otro modo, tras la victoria nacional en 1949 Mao luchaba contra dos legados. En primer lugar, luchaba contra el legado y la influencia y presión aún importante del capitalismo y del imperialismo occidental. Segundo, rompía con el legado del modelo soviético de desarrollo». (Raymond Lotta, El avance de Mao: Romper con el modelo soviético, 2006)

Asimismo tiremos de datos, tesis y documentos oficiales de los propios revisionistas chinos:

«En su discurso: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» de 1957, el Presidente Mao Zedong afirmó: «La industria pesada es el núcleo de la construcción económica de China. Al mismo tiempo, se debe prestar plena atención al desarrollo de la agricultura y la industria ligera». (...) Más tarde, explicando la teoría que la agricultura es la base de la economía nacional, el Presidente Mao Zedong lo resumió en estas palabras: «Tomar la agricultura como la base de la economía y la industria como el factor principal». Esto pues, constituye el principio general para el desarrollo de la economía nacional. Él indicó que se debe dar el primer lugar al desarrollo de agricultura. Estas instrucciones del Presidente Mao Zedong son en profundidad dialécticas; ellas revelan las leyes objetivas que gobiernan el crecimiento de economía socialista en China y son un desarrollo de la economía política del marxismo. (...) Aunque la industria pesada más tarde se desarrolló en cierta medida, la velocidad de su crecimiento todavía se queda atrás de las de algunas otras provincias, y sus productos se redujeron en base a las necesidades de las del desarrollo de la agricultura y la industria ligera de la provincia. (...) La práctica en las localidades ha permitido a los cuadros que toman parte en la discusión para llegar a un entendimiento profundo de que deben en primer lugar firmemente tener en cuenta el principio de tomar la agricultura como base de la economía nacional». (Pekín Informa; Vol. 15, No. 34, 25 de agosto de 1972)

¿Acaso durante la Revolución Cultural cambió algo la situación de la industria?

«Durante 1967-1968 se suspendieron los planes económicos nacionales. El impacto de esta situación se dejó ver en las tasas de crecimiento negativas que se obtuvieron en la producción industrial –de -13,8% en 1957 a -5% para 1968–, y la contracción en las tasas de crecimiento en la producción del sector de la industria pesada». (José Salvador Meza Lora; El rol de las instituciones en las grandes transformaciones del sector industrial durante la gran reforma económica, 2006)

¿Qué se decía en el famoso Manuel de Shanghái que tanto reproducen actualmente los abiertos maoístas y también los camuflados?:

«Dado que la agricultura es la base de la economía nacional, es necesario tratar el desarrollo de la agricultura como una prioridad de la economía nacional. Sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo. (...) Bajo la dirección de la línea general de la construcción del socialismo y la política general de desarrollo de la economía nacional, el plan económico nacional de China está dispuesto en un orden que va con la agricultura, la industria ligera y la industria pesada como el presidente Mao sugirió. Es decir, en la organización del plan de la economía nacional, hay que partir de la agricultura y dar a la agricultura la posición primaria en esta escala. También en la asignación de fondos de capital o el suministro de bienes materiales, las necesidades de la agricultura no se puede descuidar en ningún momento». (Partido Comunista de China; Fundamentos de Economía Política, 1974)

¿Tenía todas estas ideas económicas algo que ver con el marxismo-leninismo? En absoluto:

«La base material del socialismo no puede ser sino la gran industria mecanizada capaz de reorganizar también la agricultura. Pero no debemos limitarnos a este principio general. Hay que concretarlo. Una gran industria, a la altura de la técnica moderna y capaz de reorganizar la agricultura, supone la electrificación de todo el país». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe al IIIº Congreso de la Komintern, 1921)

Siempre hemos insistido en nuestros documentos, e introducciones a terceros documentos que: el revisionismo chino, soviético, yugoslavo, cubano, coreano, etc., que ahora pretende rescatar el «socialismo del siglo XXI», comparten un paralelismo atroz con el anarquismo pequeño burgués:

«El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a las más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso –los anarquistas y buena mitad de los eseristas de izquierda–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el impuesto en especie, 1921)

Una de las razones de la inversión de capital extranjero en China a partir de los 70 fue que los líderes revisionistas chinos no habían logrado la industrialización debido a los resultados de sus tesis económicas de las décadas anteriores.

No hay que olvidar que en el maoísmo la visión de la necesidad de una industrialización por medio de la primacía de las inversiones en la agricultura siempre fue un concepto económico acompañado del pensamiento de que dicha industrialización debía de realizarse necesariamente con capitales extranjeros:

«Se necesitan grandes cantidades de capital para el desarrollo de nuestras industrias. Ellos vendrán principalmente de la riqueza acumulada por el pueblo chino, y al mismo tiempo de la asistencia extranjera. Damos la bienvenida a las inversiones extranjeras si tales son beneficiosos para la economía de China y se realizan de acuerdo con las leyes de China. Se pueden expandir rápidamente y a gran escala empresas rentables tanto para el pueblo chino como para los extranjeros, siendo la industria pesada y la modernización de la agricultura, una realidad cuando lo que hay es una firme e intensa paz internacional, y cuando dichas reformas políticas y agrarias se realizan a fondo. Sobre esta base, hemos de ser capaces de absorber grandes cantidades de inversiones extranjeras. Una política regresiva y económicamente empobrecida para China no será rentable ni para el pueblo chino ni para los extranjeros». (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Algo que el propio Rockefeller reconoció tras su visita a China:

«¿Conocerán los muy «marxistas», «revolucionarios» y «antiimperialistas» seguidores del «Pensamiento Mao Zedong» las loas que Rockefeller lanzó a favor de la «altamente descentralizada» economía china basada en su «énfasis en la agricultura», predispuesta a recibir la «ayuda» estadounidense tras su viaje a China en 1973?». (Equipo de Bitácora (M-L); El fallecimiento de Rockefeller y la «desmemoria» de los jruschovistas y maoístas, 15 de abril de 2017)

Citemos al propio Rockefeller expresando sus impresiones de su visita a China para los más desconfiados que no creen que esto pudiera haber pasado:

«¿La altamente descentralizada economía china será capaz de adaptarse con éxito a la expansión del comercio exterior y las mejoras tecnológicas? Para el período 1971-1975, este crecimiento debe oscilar entre 5,5 y 7,5 por ciento al año. Estos resultados han dependido en gran medida de un sabio énfasis en la agricultura y una política nacional de desarrollo industrial descentralizado, equilibrado. (...) Sospecho que los chinos están muy intrigados por algunas de nuestras más nuevas formas capitalistas. (...) Sea cual sea el precio de la Revolución China, es obvio que ésta ha triunfado no sólo al producir una administración más eficiente y dedicada, sino también al promover una elevada moral y una comunidad de propósitos. El experimento social en China, bajo el liderazgo del presidente Mao, es uno de los más importantes y exitosos en la historia humana». (David Rockefeller; De un viaje a China, publicado en el The New York Times, el 10 de agosto de 1973)